Mujeres en el Ejército: ¿Triunfo de género?

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Corría el año de 1781. Después de caminar durante cuatro días, un joven de 22 años, Robert Shirtliff, llegó hambriento y exhausto al Cuarto Regimiento del Ejército Continental y se unió a sus compañeros para luchar contra los ingleses por la independencia estadounidense. Durante dos difíciles años, Shirtliff combatió ferozmente, recibiendo tanto heridas de mosquete como de sable en las agresivos batallas. No fue hasta que enfermó gravemente que su verdadera identidad se descubrió y fue “despedido” del servicio: Era Deborah Sampson, reconocida hoy con honores como la primera Oficial Veterana de Guerra de Estados Unidos.


Por: Ana Cecilia Cedillo
EL NORTE, Marzo 8, 2000.- La historia anterior no es la única manifestación de valentía de las mujeres que se han destacado como combatientes al mismo nivel de sus congéneres masculinos: Desde Mulán, que adapta una leyenda de dos mil años de antigüedad, donde esta joven asiática se viste de soldado para liberar a su pueblo, hasta la increíble vida de Juana de Arco, quien en 1429, cuando sólo contaba con 17 años, llegó a ser heroína nacional de Francia al combatir el dominio de los ingleses. Tales son ejemplos donde la lucha por un ideal y la fortaleza interna se imponen sobre las ancestrales diferencias de géneros.

Las naciones necesitan ejércitos
En estos momentos se libran en el mundo casi 40 tipos de conflictos bélicos, por lo que la consideración de los ejércitos de acercar cada vez más a los frentes de batalla a las mujeres se está replanteando continuamente.
En la actualidad, los motivos por los que una mujer se enrola en las filas del Ejército varían según el país del que se trate. Estamos hablando de naciones pacíficas en las que se recluta a voluntarias, hasta aquéllas en las que ya se permite que la mujer pase de las ordinarias funciones de apoyo y servicios en la retaguardia, al campo de batalla, ya sea por necesidad o por obligación.

Países como Estados Unidos, Canadá, España, Holanda, Inglaterra, Italia e Israel, consideran posiciones avanzadas de combate en el frente a los que las mujeres pueden acceder, y es en estos ejércitos donde los porcentajes de mujeres que desean ingresar aumentan considerablemente año con año. Esto nos llevaría a la conclusión de que entre más profesional sea una institución militar, mayor auge de integrantes femeninas tiene, y por lo tanto, también tiene mayor necesidad de adecuar sus estructuras internas a las nuevas circunstancias, de no ser porque en otros países como México, Colombia o Iraq, los ejércitos rebeldes permiten que las mujeres luchen a la par de los hombres, ante la demanda de combatientes -sin importar el género- que compartan sus ideales.

En México, las mujeres que luchan en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional suman el 35% del Ejército insurgente.Según las cifras del Centro de Información de la Defensa de los Estados Unidos, éste es el país que otorga el presupuesto más alto a su milicia (270 billones de dólares en 1999, cinco veces más que Rusia), y es aquí donde la integración de la mujer a casi todos los campos de batalla se ha considerado por el Departamento de Defensa continuamente, ante la demanda de las militantes estadounidenses. Basándonos en el estudio de la estructura militar de los Estados Unidos, que es la que cuenta con la base institucional y de Justicia Militar más amplia en materia de géneros, podemos echar un vistazo a las controversias que se ciernen respecto a la línea que aún separa el campo de batalla entre soldados y soldadas, mismo que hace que, de todas las posiciones de combate en las diferentes disciplinas castrenses (Fuerza Armada, Fuerza Naval y Fuerza Aérea), un 39% continúe reservado sólo para los varones.Detrás de un gran soldado…
En 1917, durante el Primera Guerra Mundial -incluso antes de que las mujeres hubieran ganado el derecho para votar- la Armada Estadounidense reclutó a las mujeres para su Fuerza de Reserva, sirviendo como personal administrativo.
En 1942, se establecieron servicios militares separados para las mujeres, pero no fue sino hasta 1948 que ganaron el estatus militar profesional, cuando el Presidente Truman firmó el “Acto de Integración de las Mujeres a las Fuerzas Armadas”. La ley les permitió a las mujeres servir las fuerzas regulares y de reserva, pero limitando su número a 2 por ciento de la fuerza del total del Ejército. La actividad bélica de los años sesenta y setenta fue derribando barreras y en 1976, West Point, la escuela militar más antigua del país, comenzó a admitir mujeres en sus entrenamientos.El último movimiento de consideración se llevó a cabo a mediados de la administración del Presidente Clinton, cuando se abrió un cuarto de millón de posiciones de combate que estaban restringidas para las mujeres. Desde aquellos tiempos, dos millones han prestado servicio en el Ejército estadounidense y actualmente se cuenta con casi 200 mil en servicio activo, que suman el 13% del total de las fuerzas armadas.

Pero aún y cuando en la Unión Americana existen honrosos ejemplos de los más altos cargos militares liderados por mujeres, y de que cuentan con múltiples instituciones que las reconocen, éstas siguen siendo una minoría debido a que las diferencias de orden físico-biológico, la cultura y naturaleza de la vida militar y la aplicación de la Ley Militar siguen conteniendo en sus lineamientos considerables diferencias de género que marcan la pauta discriminante de una institución dominada todavía por los varones. Veamos cuáles son estas limitantes.

El sexo débil
“La mujer tiene un 40% menos de masa muscular que el hombre”. Esta parece ser la tesis principal que sustenta que la carrera de las armas pertenece por naturaleza al sexo masculino.

Actualmente, todos los miembros de las fuerzas armadas deben aprobar pruebas iniciales de rendimiento físico (Military Occupational Specialties), cuyas escalas de aprobación difieren de acuerdo a la edad y el sexo (algo parecido a las diferencias de rangos en las competencias deportivas), pero no hay un estándar que defina para qué posiciones se necesitan niveles mínimos: la única manera de saber si un soldado o soldada resiste el ejercicio, es que lo realice y pase la prueba. Esto quiere decir que la recluta podría aprobar el examen físico, pero eso no significa que esté autorizada a cubrir la posición para la que se requiere tal destreza.

Por otra parte, la “cultura del guerrero” nos ha dejado el estereotipo de que un buen soldado es un tipo fuerte y grande. Nada más lejos de la realidad cuando en Corea y Vietnam se demostró que los hombres más pequeños pueden ser los ganadores de la batalla por su habilidad o entrenamiento.

Un punto interesante tiene que ver en cómo el desarrollo de la tecnología sirve de cómplice a la mujer disminuyendo la importancia de la “fuerza bruta”, al cambiar drásticamente lo que antaño era pesado o grande: las armas de alto poder y los vehículos de guerra tienden a compactarse, por lo que un físico pequeño ayuda. En el nuevo campo de batalla, a veces basta apretar un botón, por lo que el conocimiento de la tecnología militar es tan importante como el conocimiento de la estrategia militar.

Otro mito vigente es que la mujer no tiene experiencia en el combate, lo cual dista mucho de la realidad si consideramos que en la Segunda Guerra Mundial 200 mil reclutas estadounidenses sirvieron como enfermeras, mecánicas, camioneras, mecanógrafas, operadores de radio, técnicos, controladores aéreos, etcétera; trabajando de manera valiente y competente bajo fuego hostil.

Algunos otros argumentos que limitan la integración de la mujer son que la falta de instalaciones, equipo y uniformes adecuados arriesga la seguridad y la salud de éstas. Cabría preguntarnos entonces por qué sí está diseñado el uniforme militar para las embarazadas que trabajan en las áreas administrativas de la milicia.

Mañana:
Mujeres en el Ejército: ¿Espejismo de igualdad?

…Y EN MÉXICO: 

De las adelitas a las zapatistas

“Las mujeres también decidimos la guerra y también resistimos, y no nos quedamos quietas a ver si los hombres traen dinero”.
Compañera Dalia, militante del EZLN

En la historia de México, el inicio de la Revolución Mexicana en 1910 marca la pauta para que las voces de las mujeres del país sean escuchadas. La estampa revolucionaria de las “Adelitas” es la fotografía impecable de la fortaleza que caracterizó a las soldaderas de aquellos días y que distingue a las mexicanas como luchadoras incansables de derechos que las posicionen en lugares más destacados en la sociedad, de los que históricamente les fueron legados.

Durante el periodo revolucionario, las soldaderas formaron parte de una importante división del Ejército mexicano, realizando desde labores de apoyo en la retaguardia como enfermeras, mensajeras y cocineras, hasta carabineras al frente de batalla. A partir de entonces, comenzó la lucha por la discriminación social de género, que reflejaba la realidad de la posición de la mujeres de la época.

A pesar de que en la práctica las mujeres de los años 20 ya eran un significativo brazo de la fuerza laboral, en teoría, los logros sustanciales fueron a pasos más lentos. Hacia 1916 se celebra en Mérida, Yucatán, el Primer Congreso Feminista, y en 1917 la Constitución inscribe la igualdad entre los sexos. Finalmente, en 1953 se otorga el voto a la mujer y éstas se lanzan a una participación más activa en la vida política del país.

La despenalización del aborto, los derechos reproductivos y la violencia hacia las mujeres son los temas de los años 60 y 70. Para los años 90, surgen las primeras candidatas a gobernadoras, el gabinete presidencial ya incluye mujeres al frente de sus secretarías y se registran las primeras candidatas a la presidencia.

Actualmente en el Ejército Mexicano, las mujeres que se integran como parte de un servicio militar voluntario tienen la opción de escoger las carreras profesionales en las áreas de Sanidad, Administración e Intendencia, donde mientras cursan sus estudios, tiene el grado de Cadetes y realizan destacadas labores en las brigadas educativas y de salud que en auxilio a la población realiza la Secretaría de la Defensa Nacional. Las Cadetes se gradúan como Subtenientes y pueden alcanzar el grado máximo de Generalas. Sin embargo, se mantienen realizando la importante labor de ofrecer el apoyo a la retaguardia, ya que la institución no las envía al frente de batalla como combatientes, y dada la escasa participación de la nación en actos de guerra, esto no se vislumbra aún, ni siquiera como un objetivo feminista.

Pero la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que estalla el primero de enero de 1994, no contempla, por supuesto, los lineamientos descritos en las Misiones Generales del Ejército Mexicano. Desde el principio, los zapatistas incluyeron soldadas entre sus filas y promulgaron en el artículo primero de su Ley Revolucionaria de Mujeres del EZLN que: “Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen”. A seis años de su formación, el elemento femenino constituye una tercera parte.

Dejando de lado el dilema del género, lo cierto es que la exposición a la guerra no es deseable ni para hombres ni para mujeres, pero sabemos que la existencia de una sociedad que viva libre del riesgo de conflictos bélicos es una mera utopía. Como también es una realidad que un Ejército poblado de varones no escudaría por sí mismo a la sociedad civil de los peligros de un enfrentamiento.

En México, las mujeres forman una fuerza vital que impulsa todas sus instituciones y si el Ejército requiere estar a la altura de los tiempos en que se desenvuelve, éste debe de aceptar la voluntad de la participación femenina en el campo en que se encuentre más capacitada, como una modernización de sus operaciones.

 cedillo@elnorte.com.mx

Lea este especial en internet:

http//www.elnorte.com/el_mundo

~ por anacecilia en Febrero 15, 2007.

6 comentarios to “Mujeres en el Ejército: ¿Triunfo de género?”

  1. bueno me parese q ustede son insisitente es por eso q llegantan le jos no como los hombre de hoy q apenas le gritan un poco y ya abandonan la carrera militar t digo esto x q yo tambien estoy estudiando la carrera militar esun poco dura pero el sacrificio vale la pena al final no

  2. hola soy colombia me gusta el ejercito militar quiero dentra al ejercito ……….. por que me llama mucho la tencion militar…

  3. los ejercitos ya estan fuera de moda en este siglo XXI; los ejercitos desapareceran porque no tienen razon de ser.

  4. deseo que me oriente para saber lo del ejercito
    mi correo es pilarica_92@hotmail.com para que me orienten

  5. vacano que a las mujeres tambien las llebaran a combatir

  6. una consulta…en la Union Sovietica, durante la II guerra mundial hubo mujeres conbatiendo en el frente oriental, tanto en tierra como en aviacion…ejemplo Katia Budánova, Tania Chernova, entre otras…mi consulta es…si otras naciones reclutaron mujeres para servicio directo en el frente…o si la URSS fue la unica…, desde cuando sirven en servicio en armas…, y como favor personal…me puedes pasar las fuentes… :D:)

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